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so weird

Pasajero 42

- ¿No vas?- preguntó Doriela.
- No
- ¿Por qué?- insistió.
- Me duele la cabeza.
Cerró la puerta.
El reloj marcaba ya las 5 a.m. y Doriela, su madre, abrió nuevamente la puerta y preguntó.
- ¿No vas?
- No.
- ¿Y no vas llamar?
- Sí, como a las nueve.
Ramiro seguía en su cama. El dolor en su cabeza era tanto que pensó que su cráneo iba a romperse a la mitad.
En la central de transporte la vida seguía su curso normal. El bus que Ramiro tomaba diariamente salió sin contratiempo justo a las 5:30 a.m.
Mientras daba vueltas en su cama tuvo un impulso de ir a trabajar, se incorporó, “quizá en el viaje se me calme el dolor” pensó; pero un vértigo repentino le hizo desistir de la idea, obligándolo a tenderse a lo largo de la cama.
Eran ya las 6:00 a.m. y el bus seguía su ruta acostumbrada, nadie había notado la ausencia del pasajero número 42, ni siquiera sus compañeros habituales de viaje y de trabajo con quienes compartía puesto. Al parecer todo era como si él estuviese allí presente.
Hacia las 6:30 a.m. Doriela advirtió que Ramiro estaba en la terraza, “¡Ve! se levantó” pensó.
- Lo que no querías era ir a trabajar, te estás volviendo flojo.
Ramiro giró lentamente y miró a su madre fijamente, como si no hubiese otra oportunidad para hacerlo... como si ese momento jamás se fuese a repetir. Ella sintió que un frío recorría todo su cuerpo tanto que se estremeció de manera poco común. Él esbozó una tierna sonrisa en su rostro, sin embargo era como si no estuviese allí.
- Tómate un analgésico- dijo con voz temblorosa Doriela.
Ramiro empuñó la boca y frunció el ceño. Sin contestar siguió de nuevo al cuarto.
Doriela preocupada entró inmediatamente al cuarto y quedó paralizada al ver a Ramiro arropado de pies a cabeza como sumido en el más profundo sueño. Daba la impresión de que no se hubiese levantado de la cama aún. Doriela no quiso molestarlo “dejemos que duerma” pensó, recordando al tiempo que debía tomar la pastilla para la tensión arterial salió del cuarto.
El tiempo transcurrió en medio de una extraña atmósfera y un olor a caucho quemado.
- ¡Son las nueve¡ ¿no vas a llamar?- preguntó Doriela a Ramiro sin conseguir respuesta alguna.
Así que tomó la cobija y de un tirón descubrió el cuerpo de Ramiro. Lo que vieron sus ojos no puede ser descrito, un desgarrador grito atravesó la casa entera llamando la atención de los vecinos que al acudir rápidamente en auxilio hallaron a Doriela tendida en el suelo y en la cama un cuerpo totalmente calcinado, encogido e irreconocible, como si las llamas del infierno lo hubiesen consumido, no había rastro alguno de piel sobre su deforme rostro, sólo los grandes dientes salían a relucir, lo más impactante era que ni la cama ni la sábana presentaban quemadura alguna.
- Este bus va muy rápido- comentó un pasajero al joven que lo acompañaba, este último sólo se limitó a empuñar la boca y fruncir el ceño.
En el kilometro 100 de la vía que conduce de Santa Marta a Fundación, el bus interdepartamental identificado con las placas UQO 1324 de c/naga se siniestró al irse de frente contra una tractomula, dejando un saldo de 41 muertos... ¿o 42?... ¿tú qué dices?

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